Séraphine

September 18, 2011

 

Sobre el film 


Exquisito, sensible y un tesoro de la cultura que documenta las artistas mujeres.

Hay en el film un “clima” de otra época, y otro espacio. Son muchos los elementos/ recursos del discurso, que nos trasladan a la Francia de 1914, año en que comienza la primer Guerra Mundial. Imágenes que denotan la época y contexto tales como el carbón para calentar los hogares, la preparación del cuarto de baño para el aseo del señor, los aparatos telefónicos antiguos, la cantidad de anotaciones y el valor que éstas tienen[1], y por supuesto la ausencia de las tecnologías actuales que tenemos naturalizadas, nos llevan al tiempo pasado de más de un siglo atrás, en un pueblito de Francia (no en la capital francesa donde estaban los artistas consagrados y había un movimiento de arte al que ella deseaba tener acceso: “realizar la exposición en París”).

Destaco la distancia que prima entre la protagonista (sirvienta / fregona) y el patrón. Resulta chocante el que ella se dirija a él en términos de una tercera persona, como si estuviera hablando de alguien que no está allí, de “otro”, “el señor…”

Esa distancia probablemente esté relacionada con la que debía sostenerse entre las clases sociales tan marcadas (ella en una pobreza extrema, rozando el hambre y la miseria[2]; y ellos, los señores, en una clase social acomodada, gozando de una vida social activa, reuniones, cenas, charlas sobre el arte (posicionados en el lugar del saber y por ende, del poder).

Ella en cambio, sin acceso a los juicios del arte pero iluminada por los ángeles y quienes ponen en su camino al tan generoso señor Uhde, quien salva a esa mujer del hambre y la miseria y le entrega las posibilidades de dedicarse a aquello que, a la luz de las velas y sonorizado por su propio canto, producía de modo catártico, inspirada por seres suprasensibles.

Es notable que ella pintara siempre de noche a la luz de las velas, aún cuando tuvo un espacio más amplio y luminoso, cuando estaba completamente avocada a la producción de pinturas, una vez terminada la Guerra y teniendo a Uhde como mecenas. Es como si la oscuridad fuera condición sine qua non de su producción plástica.

De una fé inmensa en lo sobrenatural y de un amor por la naturaleza incomparable, Séraphine es una mujer callada y de pocas respuestas, con un compromiso con su propia vida, una valoración admirable de lo que posee, y una creatividad incomparable.

Los escasos recursos materiales con los que se encuentra por su realidad socio- económica y contextual (en Senlis, un pueblito en las afueras de París, hace casi un siglo atrás) desatan su crecimiento espiritual, su gran desarrollo como persona[3] y el crecimiento exponencial de su creatividad (pudiendo así aprovechar al máximo los recursos naturales, para la fabricación de sus pigmentos “secretos” como ella misma dice).

Cabe destacar también la familia ausente[4] , la falta de afectos[5], el abandono de su primer, único y gran amor. Sólo avanzada su vida se observa un vínculo fuerte con una amiga, que la acompaña, observa sus pinturas, la valora, la estimula, se alegra por su felicidad, por su realización como “artista”. Esa soledad la materializa, y a la vez disuelve, en las “sesiones” nocturnas de pintura. Esas noches de vigilia, de ondas sonoras expansivas y emotivas, mantienen el equilibrio de Séraphine. Transmite su angustia y la canaliza a través de los colores en un lienzo. Dichoso el encuentro con el señor Udhe que casi funciona como un “iluminista” [6]en su vida, una aparición terrestre enviada desde el cielo, una voz hablada por los ángeles, un ser humano excepcional que la acompaña y despierta la artista que hay en Séraphine. Es él quien, a mi entender, da vida a la Séraphine artista que nos muestra la película.

Entiendo del film, que es con el señor Uhde con quién ella aprende a valorarse a sí misma, e incrementa la auto-confianza y la fé en sus capacidades (como expongo en el pie de página 6.)

También es notable un cambio de auto- definición de Séraphine; cuándo era sirvienta de los señores Udhe y otros, ella se definió a si misma como “sola” aludiendo a que no tenía a nadie. Luego en una escena (cuando ya era considerada como “artista”), ella se define como “Séraphine Louis, hija de (…)[7]; es decir, se reconoce como perteneciente a una familia, con un nombre y apellido, con una identidad. No se si es válida esta interpretación, pero creo que a partir de su reconocimiento como artista, ella adquiere además una identidad, un “yo” al que mira con respeto y se siente orgullosa.  Y no solo lo demuestra en la relación consigo misma, sino para con los demás.

A partir de su definición como artista, adquiere otro reconocimiento social (además tiene acceso a otra calidad de vida, en una vivienda más grande, con más luz, cómoda y cálida), y por ende, otra identidad. Aparece como una nueva Séraphine, una persona distinta, diferente, que habla desde un nuevo “yo”, segura de sí misma.[8]

 

Respecto a la fotografía de la película, considero que es excelente, de imágenes exquisitas y de un gran valor estético. Creo que son imágenes muy “pictóricas”, muy bellas.

La película, que trata de una artista de hace cien años atrás, utiliza imágenes que nos trasladan en tiempo y espacio a aquella época, transformando el largo viaje en uno agradable, cálido y ameno a pesar de la falta de carbón y gracias a la luz de las velas.[9]

También pienso que la distancia cultural que existe entre “el hoy que vivimos nosotros” y la realidad que caminó la personaje, hace que muchas imágenes (que probablemente en aquella época no hubieran sido observadas ni valoradas por su estética), resulten hoy llamativas y sobresalientes. Entre esto, por ejemplo, la arquitectura, las ventanas, los espacios tan atrayentes a mi entender, los artefactos antiguos, esos pisos hermosos, esa silla de un estilo tan francés, tan nouveau, las vestimentas, los carros en los que trasladaban la ropa blanca (ropa de cama), esos paisajes amplios, las angostas callecitas de adoquines, el paisaje urbano neutro y limpio[10], y los campos verdes que dejan ver el horizonte allá a lo lejos. Esa oposición fotográfica gris urbano- verde natural me resulta clara en el film.

Ella encuentra aire, oxígeno y libertad en el espacio natural. A su vez, modifica su habitación oscura y fría, con la calidez de la luz de las velas; se apropia del espacio como un lugar de creación, dando origen a maravillosas pinturas de una gran variedad cromática y formas orgánicas abstractas seductoras e inquietantes. Desde su ingenuidad y desconocimiento de las leyes del arte, se desempeña como una gran artista. Hay quienes la definieron como Naif, pero Uhde prefiere denominarla primitiva moderna.

Comparto con el alemán esa interpretación y me apropio del término para exponer mi manera de pensarlo: en principio, porque es una persona que habita un mundo primitivo, en cuanto al contexto de poco desarrollo del cual forma parte y el rol social que desempeña en él, ya que ella no trabaja en un sector productivo de su época, sino en el servicio de la burguesía.

De todas formas, creo que Udhe alude a los primitivos en cuanto a aquellos que producían imágenes, previo a los clásicos. Los que desconocían de leyes de reproducción de la naturaleza en el arte. Séraphine responde perfectamente a tal definición ya que ella no acudió a ninguna academia ni maestro en pintura para incorporar técnica alguna, ella es una completa autodidacta que se apropia de la pintura como un medio de expresión personal. Una vez crédula de su estatuto de artista, reclama la exposición de sus obras al señor Wilhem.
Y también, es moderna ya que se despega de lo que se hubiera esperado que sucediera: trasciende. Siendo una humilde sirvienta (mujer) de un pequeño pueblito francés, logra convertirse en una gran artista que llegamos a conocer hoy a través de la interpretación de su vida por el lenguaje cinematográfico, lo que denuncia lo atractivo de su carrera artística.

 

 

 

[1] Me resulta atractivo el valor que le da ella a la palabra manuscrita; se ve seducida por los escritos que hace el alemán.

Además me resulta llamativo el hecho de que una mujer de su época y contexto social (de una extrema pobreza y huérfana, una persona marginal, sea letrada. Ella sabe leer, porque en una escena lee una nota que el señor deja para hacerle saber que había viajado a París y ordenarle que hiciera su trabajo como era habitual. Si bien su infancia y su vida adolescentes son un misterio, no se sabe qué educación recibió Séraphine, sin embargo sabemos que ninguna en el campo del arte, por ello es que se la considera por algunos críticos coetáneos a ella como una naif., aunque Wilhelm Uhde disienta con tal categorización, y la integre al grupo de los, por el llamados: “primitivos modernos”.

 

[2] Miseria material, no humana,  en lo que ella demuestra permanentemente su riqueza.

 

[3] Me refiero al término persona, en cuánto a humanidad, a calidad humana. Demuestra ella una gran sensibilidad por el entorno natural y también por quienes le rodean: a pesar de su acotada capacidad relacional, ella se atreve a aconsejarle a Uhde que se refugie en los árboles y la naturaleza cuando se sienta triste. Es curioso también cómo ella se desenvuelve de forma “atrevida” para los cánones de la época. Inclusive me llama la atención una escena en que ella se besa con la hermana de Wilhelm. También quiero señalar que considero a los hermanos Uhde como atípicos para la época. “liberales”, unos pioneros en lo que va a ir dándose luego en las transformaciones sociales. Se los percibe como de una “mente mas abierta”, “más humanos”, respecto de los demás burgueses que no demuestran ningún rasgo humano en el trato con ella.

Me resulta significativo esto, en tanto lo considero importante para Séraphine; ella siente un importante afecto por el señor Uhde, debido a ese trato tan afable de su parte.

Además es destacable la sensibilidad de él cuando luego de la internación de ella, pide el traslado a una habitación con ventanas y vista a la naturaleza; buscando un Re- nacer de Séraphine que se encontraba apagada, gris, “cenicienta” y no ya encendida de calor como cuándo creaba esos planos de fogosos colores representando el mundo vegetal que la salvaba y le hacía tan bien en sus momentos de angustia.

 

[4] ella dice en una escena que no tiene a nadie, que es sola, y eso se observa a lo largo de toda la película, la falta de afectos y su incapacidad para relacionarse es evidente a lo largo de todo el relato. En muchas situaciones ella ni por cortesía responde a un “gracias” del comerciante que le vende las telas, el barniz y algunos elementos artísticos. Es muy silenciosa a la hora de desenvolverse en una conversación o diálogo, inclusive dejando sin respuesta a su interlocutor, aún así no es nada silenciosa a la hora de expresarse en su intimidad; sólo ella y el lienzo.

Canta a altas voces, a cualquier hora llegando su voz a sus vecinos de conventillo, traspasando paredes  techos. Es silenciosa y callada cuando algunos esperan respuesta, y se hace escuchar cuando “se comunica con los seres en quienes confía, los ángeles o la virgen; quienes merecen su fé.” Con ellos dialoga cada noche, sin timidez, en plena comodidad, sin limitarse a acatar órdenes, de forma espontánea, siendo ella misma, expresándose como necesita.

Encuentro a la pintura de Séraphine, tan terapéutica como su contacto íntimo con la naturaleza: los árboles, las plantas, los insectos y los pájaros que retrata o representa desde la inocencia y el desconocimiento de las técnicas académicas, y desde el profundo conocimiento de la esencia de éstos.

La simpleza con la que define el alma de un animal: “la vaca se entristece si se llevan a su ternero”, es de una integridad humana ejemplar; de una sensibilidad admirable.

 

[5] En una escena ella le contesta al señor Uhde (cuándo él le dice que no le hable de esa manera), que cómo cree que le hablaron a ella durante toda su vida: mal. En su mirada se lee la tristeza y decepción, desilusión, respecto a las relaciones humanas. Creo que en esto radica su búsqueda de amor en los ángeles y seres del mundo celestial, con los que establece relaciones inmateriales de un enorme compromiso emocional y de confianza. Además, la naturaleza, los animales y plantas que la refugian en sus momentos de enorme angustia. Claro, jamás un árbol va a abandonarla como lo hizo el que fue su gran amor y la dejó sola. Creo que ella se siente sola y encuentra en su fé, la naturaleza y la pintura, una compañía. Creo que con las velas encendidas, cantando y pintando ella no se siente nada sola.

 

[6] En el sentido de intelectual que la des-cubre, que “hecha luz sobre ella”;  deja ver las capacidades que ella traiga consigo y la obliga a cultivarlas. Es él quien “da a luz” a la Séraphine artista, (o a la artista que estaba encubierta en Séraphine) en el sentido de dar a nacer, a gestarse, lo que ella poseía en potencia, pero que probablemente sin el aporte crítico positivo del alemán, no se hubiera desarrollado.

 Es él quién la estimula, la valoriza, la define como artista, y también quién le aporta las herramientas materiales para que desarrolle su labor como tal. Es su vela (quién la ilumina), y su mecenas (quién posibilita la concreción física material de las obras de arte). Por todo esto considero protagónica la figura de Wilhelm en la vida de Séraphine.

 

[7] En el film ella nombra a madre y padre con nombre y apellido, información prescindible para exponer mi idea.

 

[8] De todos modos, durante toda su vida se la percibe como alguien firme, íntegra y para nada sumisa, lo cuál me llama muchísimo la atención ya que, si bien respetuosa, ubicada y distante, no deja de reclamar “los derechos reclamables” en la época. En una escena ella defiende la paga de un trabajo frente a su patrona (no son tres monedas, son cinco por cada prenda; o cuándo ella le contesta al señor Uhde respecto a cómo ha sido ella maltratada durante toda su vida. Aquí se demuestra su fuerte personalidad; o también puede leerse como “lo fuerte que es como persona” para sobrellevar esa vida, para defenderse de esas condiciones adversas que se le presentan como realidad de vida).

 

 

[9] La luz amarillenta de las velas iluminan muchas escenas de interior, es un símbolo que se repite. Por un lado relacionado al templo al que acude ella (por lo que denota su fé, su religiosidad, su creencia); por otro, es la fuente de luz para iluminarse mientras pinta, además de iluminar a la virgen. La vela entonces es ofrenda a su fé y la fuente de luz para sus pinturas. Aun así percibo un romanticismo detrás de la luz cálida que arrojan las velas en la vida de Séraphine. El romanticismo se deja entrever en sus pinturas, en tanto ella da prioridad a la expresión de sus emociones; cuando pinta está totalmente involucrada con esas pinturas: lo hace desde una emoción muy profunda.  Además ella pinta desde un misticismo, lo hace casi como una traducción de una fuerza que es ajena a su cuerpo pero que la penetra. Pinta como un canal de expresión de mensajes suprasensibles. “Hace tangible los mensajes que recibe de los ángeles. Es decir que materializa una abstracción, una vivencia, una emoción.” Encuentro también relación con el romanticismo en tanto el motivo es la representación de la naturaleza, aunque lo hace desde la ingenuidad, desprovista de recursos académicos de representación.

Séraphine, lejos de tener intención alguna a el neoclasicismo (como fue el caso de los pintores románticos), y desconociendo tales movimientos, creo que se apropia de muchas nociones románticas, desde su ignorancia. Es decir, hay mucho de romántico en sus pinturas. Los motivos naturales, la importancia de las emociones, la impronta de la subjetividad; la interpretación personal de la percepción de la naturaleza. La traducción del mundo sensible en una representación.

Como expresó Baudelaire en el Salón de Pintura de 1846:

«El romanticismo no se halla ni en la elección de los temas ni en su verdad exacta, sino en el modo de sentir. Para mí, el romanticismo es la expresión más reciente y actual de la belleza. Y quien dice romanticismo dice arte moderno, es decir, intimidad, espiritualidad, color y tendencia al infinito, expresados por todos los medios de los que disponen las artes.»

A partir de esa definición que hace Baudelaire, no puedo dejar de leer a Séraphine como parte del romanticismo, claro, desde una lectura atemporal.

La oscuridad, la angustia que expresaban los románticos en sus obras pictóricas es recordada por las imágenes que realiza Séraphine Louis años después, ignorando totalmente el aporte de los primeros. Es como si de alguna manera hiciera un “nuevo romanticismo”, uno personal, distinto al primero por diferencias contextuales y por distintos intereses.

 Séraphine pinta porque lo necesita, ella expresa sus palabras calladas a través de la gestualidad que plasma con sus manos en un pedazo de tabla o en un lienzo de dos metros. Recuerda sus vivencias, las traduce en colores, descarga su dolor y realiza el duelo de sus pérdidas afectivas en el acto creativo de la pintura.

La sabiduría con que se desempeñó Séraphine como artista me merece muchísimo respeto, y más que respeto, una enorme admiración. Con la enormidad de ausencias y falencias que hacían eco en su cotidianeidad, fue capaz de elaborar imágenes nuevas, originales y completas, interrogativas y de múltiples lecturas e interpretaciones. Una gran artista, una personalidad destacable teniendo en cuenta su condición de mujer, en una época en la que las mujeres se limitaban a labores domésticos, o simplemente a acompañar la figura del hombre. Una persona perseverante, de un gran interés (y amor) por la vida. Su valoración de los “pequeños grandes” placeres de la vida son “un canto” a la vida (haciendo metáfora en el mismo lenguaje en el que ella se expresa…cantando).

Me viene a la cabeza la imagen en que ella está bañándose en el río. Desnuda, sola, feliz. Nada materialmente hecho por el hombre está con ella. Se encuentra allí “como Dios la trajo al mundo” y disfruta de ese momento, canta, es feliz. No necesita nada más que eso. La simpleza de sus disfrutes, de sus placeres, son realmente una lección de vida. Su contacto con la naturaleza, la forma en que ella se comunica con el agua, creo que ella entiende el lenguaje de la naturaleza y siente en ésta una importante contención, un escape a sus tristezas, amarguras, angustias, oscuridades.

Esos fondos oscuros de muchas de sus imágenes, creo que “hablan” de lo que ella misma le contesta a su amiga, que también le asustan esas imágenes. En esa charla expresa que también encuentra en sus obras oscuridad y misticismo, preguntas abiertas, sin responder.

No creo que ella haya tenido algún planteo conceptual previo, creo que “pintaba la naturaleza porque en su naturaleza estaba el pintar”; deduzco del film que ella pintaba porque necesitaba hacerlo, era más fuerte que ella, la trascendía como una necesidad espiritual.

 

[10] Con el término “limpio” me refiero a la ausencia de contaminación visual. Se observan las viviendas, no hay carteles publicitarios, no hay suciedad de packaging en el suelo; es una imagen tan distinta a lo que vivimos en el Rosario contemporáneo, que me resulta sumamente atractivo y me despierta el deseo de trasladarme a ese mundo más primitivo, más limpio, menos contaminado  (y no globalizado). Esa “pureza del paisaje” es sumamente pintoresco (y “exótico” en cuanto agenas a las calles que camino cotidianamente en mi ciudad, Rosario.)

 

 

 

 

 

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